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El efecto virus

Soy fan de la buena publicidad. Y ese concepto es totalmente sugestivo y mal interpretado. Para mí, la buena publicidad es la que funciona. Cuando comunica lo que quiere comunicar al público de interés. Por eso comerciales como el de Doloran me parecen exitosos. Logra un posicionamiento único que perdura en el tiempo, hasta hoy, 21 años después de su pauta. Aplauso a Adiós Dolores. Los que me conocen saben que mi plan favorito es ir a ver el reel de comerciales de los Fiap cuando la revista P&M los pasa en magno evento. Donde otros 200 gatos como yo, se sientan hora y media a ver comerciales. Y en mi casa hacen zapping. Ja!
Soy Adicta Digital también y la combinación logró una publicista fanática de la publicidad digital. Solo píquenme la lengua para hablar acerca de comunicación de doble vía, de engagement, de todo aquello que por años la publicidad ha buscado y es generar respuesta y que, aun hoy, muchas marcas le tienen miedo y siguen invirtiendo en TV. Qué desperdicio. John Wanamaker dijo alguna vez “Sé que la mitad del dinero que invierto en publicidad se desperdicia. El problema es que no sé cuál es esa mitad”. Y los que trabajamos en publicidad conocemos esa gran pared cuando queremos mostrarle al cliente una Gran Idea. Que por supuesto vale plata.
Por eso me encanta la publicidad digital. Para los que no conocen a fondo este campo, es la publicidad con la forma de medición más exacta que existe. La única que te permite hacer ajustes en tiempo real y sin esperar a evaluar los resultados después que terminó. Absoluta optimización y éxito garantizado. Pero este argumento todavía no es vendedor para las marcas.
Este post obviamente se lo dedico a aquellas marcas que sí le apuestan a la publicidad digital. Sobre todo las que entienden lo retadoras que son para los creativos y lo maravilloso que es ver la respuesta de los consumidores. Ejemplos como Volkswagen y su comercial The Force, que ha sido visto 39 millones de veces (al día en que escribo esto…) imaginen lo que le hubiera tocado pagar en pauta en Tv para ser visto esta cantidad de veces. Solamente para que se den una idea: una pasada de un comercial en horario prime, nacional, en Colombia, cuesta aproximadamente 5 millones de pesos. ¡Calculen!.
Me quito el sombrero con la campaña El Futuro Ford. No porque me hayan prestado el Ford Fiesta Rojo Caramelo durante tres días, como todos se dieron cuenta. (Pusieron a prueba mi nivel de intensidad), sino por la apuesta en la creativa publicidad digital. Ford logra entender el comportamiento de un cliente potencial y, sin dejar de decirle que es publicidad, genera contenido de alto interés al punto que las personas deciden compartirlo y replicarlo de lo bueno. (En otras alcurnias le dicen Viralidad). Y lo mejor de todo es que están explicando los beneficios del producto.
Desde que el usuario busca en Google, hasta producir videos de calidad, que cada vez que comparto uno, las respuestas son incontables. Sencillamente a la gente le fascina. Y no deja de ser publicidad ni tampoco pretende no serlo. Totalmente auténtico.
Los videos claramente muestran los beneficios innovadores para los conductores, el espejito en la esquina que te permite ver más allá de lo evidente. Las siete bolsas de aire que yo me preguntaba si sí servían, la versión Kid el auto fantástico del carro, (en este video está el mismísimo que me prestaron a mí), el control del papá al carro cuando lo maneja el hijo. ¡Para morírse de la risa!
Mejor dicho, les dejo la página para chismoseen y me den la razón. Mientras yo acá suspiro de melancolía por el carrito rojo del que mi viejo Ford fiesta 97, se enamoró.