5th
Twitter, mi héroe
4:15 de la tarde, estoy a punto de empezar el último informe que físicamente puedo hacer en el día, conectada a la radio, no oigo el llamado de mi jefe, quien se acerca y me dice: “te mandé un mail urgente, ayúdame”. Veo el correo que dice:
“De un amigo: URGENTE BUSCAMOS PEUGEOT PLATEADO 206 LLEVAN A MI SOBRINA SECUESTRADA URGENTE SI VEN EL AUTO LLAMARME 310xxx placa BYZ 2xx, o llamen a los taxis 111”
-Ayúdame que tú tienes muchos seguidores.
Se refiere a mis 2.068 followers de twitter que tenía hasta ese momento. Por supuesto no lo dudo, si de algo es bueno twitter es para hacer seguimientos minuto a minuto. Y miles de usuarios regados en todo Bogotá son muchas posibilidades de que alguien vea el carro.
Lo ‘trino’ y dos minutos después más de 200 personas replican el mensaje. La angustia se empieza a sentir y empiezan a preguntarme miles de detalles que lógicamente no tengo. Lo primero que pienso es que, por favor, no llegue a ser una broma pesada, porque la angustia colectiva puede ser un mal violento.
Le pregunto a mi jefe quien me dice que, lo único que sabe, es que es la sobrina de un amigo y que al parecer la encontraron. Las piernas me empiezan a temblar. Me llama un buen amigo locutor de la emisora La X. Estaba al aire y me dice que me quiere entrevistar para contar la historia. Pero, ¿qué historia? No conozco los detalles, ni siquiera sé cómo se llama la niña. Y no sabía en ese momento que no era tan niña. Tiene 22 años. Me niego a hablar pero paso los datos de la persona que envió el mensaje y pido a Dios que todo tenga un buen desenlace.
Los mensajes viajan desde Venezuela y bajan a la Argentina. “¿De qué estado?” “¿En qué país?”, suben a México y vuelven a Colombia. Los angustiados y subestimados twitteros no solo reenvían información sino empiezan a escribirle a los medios. La Silla Vacía contesta con un post escrito en menos de media hora. Un post que revela la inmediatez que debe tener un medio.
Dos minutos después mi jefe me confirma que la rescataron. Me emociono y mis dedos sudan mientras empiezo a trinar como loca; “APARECIÓ, La rescataron…” Respiro profundo, tomo un poco de agua y nuevamente me dirijo a mi jefe. “¿Es posible que me regales un número a quién llamar?, tengo que contar la historia”. Mi jefe me remite al celular del amigo quien amablemente me contesta el celular y me cuenta:
La sobrina de 22 años estaba mirando un accidente en la calle 95 con carrera 7, cerca de un exclusivo sector de Bogotá. Un hombre armado la amenaza y se sube al carro con ella. Arrancan y ella alcanza a marcar su celular. Su papá escucha lo que está ocurriendo y empieza la cadena de mensajes por blackberry y de ahí a twitter. Minutos más tarde un taxista, que recibió el mensaje, ve el Peugeot y lo reporta. Cierran el carro y el delincuente asustado huye.
La chica esta bien. El mundo está bien. El viernes está bien. Todos estamos bien. Mientras entrevistan en la SIJIN a la víctima, yo me apuro a contar la historia. Y créanme, antes de terminar la semana hablaré con ella. Tiene que contarme los hechos como fueron. Exactamente y con detalle. Y esa historia la llamaré: ‘De cómo me salvó una cadena de mensajes’
Por ahora, me iré a dormir tranquila. Porque, Bogotá puede ser muy insegura, pero hoy sé que puedo contar con Twitter.