17th
Tu amor es un periódico de ayer
El cajón peruano es un instrumento de percusión de los años cincuenta, cuadrado con un hoyo en la mitad, donde Antonio Morales Riveira se sienta sobre él, y lo toca en su lado frontal con las manos o dedos, dependiendo del sonido que le quiera dar. Salsa o son cubano, serán los mas disfrutados por Antonio, en el cajón o en bajo. Habla con fluidez de Johnny Pacheco, La Fania y otros artistas clásicos de estos géneros, pero no de los modernos, porque dice que la salsa se prostituyó. Ha escrito de salsa, de música porque le encanta la rumba, pero en realidad, el periodista, escritor y actual director del periódico Polo, tiene una larga historia en medios de comunicación como Caracol, La FM, SOHO, Gatopardo, El Espectador, entre otros, donde no lo reconocen por su conocimiento en música sino por su irreverencia, crítica de izquierda y rebeldía.
Puede ver comedia en escenarios tan aburridos como la política, canta Jovanny Ayala cuando tiene problemas en el trabajo, recorrió la mitad del mundo porque no se puede mantener quieto. Creó personajes a través de paradojas de situaciones reales, para hacer reír a sus seguidores. Rumbea todo lo que puede, toca el bajo y la caja peruana. Salsero melómano, busca en Bogotá los nuevos artistas de la salsa y del son cubano. Anarquista y desordenado al que nunca le faltó nada. Escribió libretos de comedia para series de televisión y fue copy de una agencia de publicidad. Una vida llena de encantos, sin embargo, no se la cree. Es la gran expresión del escepticismo. Por eso que le huye a los lujos, a las comodidades, al dinero que parece perseguirlo. Trabajó en envidiables cargos de medios de comunicación hasta hacerse despedir. Llevó la crítica al extremo de tener que salir del país. No pertenece a ninguna clase social, pues vive en contravía. Y a pesar que el poder le ha hecho guiños no se deja enamorar y vuelve a la militancia, a la protesta, a la crítica y todo con humor.
“Todo es un juego, todo lo serio es risible” afirma mientras muerde nerviosamente un palito mezclador, sentado en un viejo escritorio con lo básico: un teléfono, un computador, varios documentos, tres libros y el mapa de la próxima edición periódico, del que se sentirá orgulloso cuando decida irse. Aunque se esta quedando calvo, se deja largo el pelo que recuerda una época donde lucía frondoso y abundante. Alto e imponente, no aparenta los 54 años que tiene, ni los 34 de trabajo en medios de comunicación. Fue sacado de El Espectador, del Noticiero de las 7, de la dirección de la revista Cromos, de La FM, en todos por “diferencias ideológicas”. Pues Antonio fue sindicalista y militante compañero del M19, guerrilla desmovilizada de Colombia, desde la Universidad cuando estudiaba Antropología en la Nacional, y más adelante resultó ser jefe de prensa del mismo movimiento y director de su noticiero AM/PM. También ha escrito columnas para El Espectador, la Revista Cambio, el portal Terra, corresponsalías para Gatopardo, RCN y medios internacionales.
Fue feliz cuando hacia crónicas en el programa de televisión Expediente y cuando escribía con Jaime Garzón el noticiero Quac. Allí, investigaban las realidades del país a profundidad y luego las llevaban a la ridiculez para generar risas. De Quac, salió un libro con la recopilación de libretos llamado Edificio Colombia y un emblemático personaje interpretado con talento por Jaime, llamado Heriberto de la Calle; “El humor es la gran expresión del escepticismo.. es a partir de una mentira decir la verdad”. Esas verdades que después del asesinato de Jaime, lo llevaron al exilio en Francia donde vivió ocho años.
“No pertenezco a ninguna clase social, yo soy del uno al seis” afirma sentado, encorvado y mirando afanosamente un correo electrónico que le presenta un problema con un reembolso de almuerzo de alguna de sus redactoras. Vanesa Molina, una de ellas dice que es el “antijefe”, por el descomplique y la chabacanería, pero es gritón y grosero cuando alguien le incumple. Carlos Gaviria, su jefe le critica el desorden y el incumplimiento, pero se siente orgulloso de su honestidad y profesionalismo. En la edición de diciembre del periódico, disfrazó a Carlos de papá Noel para enviar un saludo navideño a los lectores, cosa que Carlos le agradece y le exige. Ese talento nació en la Universidad, según su hermano Agustín Morales “pues los niños no tienen sentido del humor”. Antonio y Agustín vivieron en Suiza de pequeños pues su padre, el escritor y periodista Próspero Morales, era diplomático en ese país. Volvieron a Colombia y Antonio entró a estudiar en el Gimnasio Moderno donde se hizo expulsar porque “no quiero ser ministro”, y terminó su bachillerato en el liceo Francés.
Se levanta y llama a la productora del periódico para dejar todo listo antes de viajar a Medellín a dar una conferencia acerca de la libertad de prensa. Toma un pequeño morral, que contiene la muda y los tiquetes. Ha recorrido el mundo conociendo países y siempre regresando a Colombia, porque “para irse hay que tener un lugar a dónde volver”. Es ciudadano francés, gracias a su matrimonio con Pascal Molinie, quien vive en ese país. Siempre que viaja, trata de terminar una novela de la que tiene decenas de páginas de estructura, aunque ya tiene listo un libro de aforismos.
Su amigo de Universidad Alberto Litfac le admira la independencia: “es un anarquista” y le critica no tener un medio de comunicación independiente. Su intento con Palabra no logró sostenerse económicamente. “¿Quién le cree a un hippie que tiene un pie en Colombia y otro en Francia?” dice una de las críticas a sus columnas. La independencia, la revolución, Antonio se las admira a Jesús de Nazareth, al humano, no al “deformado por la iglesia”.
Canta cuando está feliz y llora cuando está borracho. La rumba y la izquierda han hecho que se pierda de “ser ministro o director de Caracol”. Pero el periodismo ha hecho que no realice proyectos como el restaurante “Pipo, pepino y pirulo” que iba a abrir con Jaime Garzón y el publicista argentino Angel Becassino, donde le iban a hacer masajes a los comensales. Siempre vuelve al periodismo, a pesar del desespero de querer irse de viaje o de crear literatura. Pues lo que seduce desespera, como la canción que grabó con Becassino, también compañero del M19 y a quien conoció gracias al elefante de un circo.